This is an article from the January-February 2017 issue: Nomads: The Challenge of Reaching People on the Move

Derribar una Barrera Invisible

Movilizar a la Gente para que Lleguen a los Nómadas en su Propia Sociedad

Derribar una Barrera Invisible

En mis primeros quince años de trabajo de campo en América Latina, llegué a comprender que la tarea última de las misiones se lleva a cabo mejor a hombros de cristianos locales bien discipulados. Cuando mi familia y yo llegamos a Mongolia Exterior a finales de los noventa, fuimos sin un equipo. Esto estaba planeado, ya que para ver los propósitos de Dios cumplidos, decidí conectar y trabajar en estrecha colaboración con los creyentes locales. Mi familia y yo estábamos preparados para grandes cambios en nuestro nuevo hogar. Los cambios culturales por sí solos eran enormes. Sin embargo las lecciones sociológicas y misionológicas que debía aprender al pasar del ministerio en una cultura latina sedentaria a una cultura asiática basada en valores nómadas iban a resultar emocionantes e incalculables.

A lo largo de África, las Américas y gran parte de Asia, la relación entre los grupos de personas móviles y los sedentarios es en el mejor de los casos, tensa; a menudo antagónica y a veces incluso violenta. Las diferencias entre cómo los grupos utilizan los recursos produce entre ellos conflictos irreconciliables. Cuando entran en contacto, por lo general los grupos sedentarios más poderosos financieramente y mejor organizados deciden que quieren controlar los recursos que emplean los pueblos que viven en movimiento. La tierra y el agua de los pastizales tradicionales se vuelven primordial para la población sedentaria a medida que esta crece. La movilidad de los nómadas y la libertad que esto ofrece es percibida como una amenaza a la estabilidad y seguridad del grupo sedentario. Las comunidades nómadas son comúnmente marginadas, demasiadas veces encajonadas en enclaves construidos por personas que ni entienden ni se preocupan por su historia, cultura, valores y modo de vida. El efecto de esta práctica sobre los grupos nómadas es brutal.

Los muros que estas tensiones levantan y los conflictos que precipitan presentan desafíos especiales al trabajo de las misiones donde viven los nómadas. Muchos ven estos conflictos como un obstáculo insuperable. Yo los veo como una oportunidad para enseñar y practicar el ministerio de la reconciliación. Asia Central representa un lugar especialmente fructífero para esto, aunque los principios son aplicables casi de forma universal con la tutela apropiada.

Un camino a seguir

La mayoría de las repúblicas de Asia Central están construidas sobre la historia del nomadismo. En cambio en otras regiones del mundo donde viven los grupos nómadas, se les considera a la mayoría de ellos como rarezas que existen fuera de lo que los grupos sedentarios más poderosos consideran "la norma". En general, las culturas centroasiáticas encuentran identidad y solidaridad en su patrimonio nómada.

Al llegar a Mongolia Exterior, estaba claro que la obra del evangelio había prosperado mucho en los centros urbanos. A pesar del gran acompañamiento de la evangelización preliminar en el campo por los misioneros y las iglesias urbanas, no pudimos encontrar ejemplos de estrategias a largo plazo enfocadas en el trabajo de discipulado que condujera al establecimiento de una iglesia completamente nómada. Comencé a desarrollar una estrategia para lograrlo. Como nuevos residentes en Mongolia, nos habíamos unido a una iglesia urbana existente. De modo eventual, la que casi seguro fue la primera iglesia nómada establecida en Mongolia se hizo a hombros de esta iglesia indígena que estaba formada por habitantes sedentarios de un importante centro metropolitano.

A medida que nuestra estrategia se desarrollaba, quedó claro que uno de los mayores desafíos al emplear a la iglesia urbana era hacerles entender que este modo de evangelizar cruza fronteras culturales. Un antiguo trabajador cristiano expatriado opinó que el salto cultural iba a ser más fácil para los extranjeros que para los creyentes mongoles urbanos porque los mongoles estaban cruzando una barrera invisible que desconocían; llevaría un tiempo arduo no solo el conocer esta barrera, sino también admitir su existencia. Aunque debían ministrar a otros mongoles que hablaban el mismo idioma, que compartían la misma historia y el mismo patrimonio cultural, en realidad iban a ministrar en un contexto intercultural,  ya que sus vidas urbanas sedentarias habían cambiado mucho su forma de relacionarse con el mundo.

Un modelo de trabajo

En cooperación con nuestra iglesia-casa urbana, iniciamos los esfuerzos para alcanzarlos aprovechando las conexiones con las familias nómadas en el campo. La idea de alcanzar a la comunidad nómada fue creciendo en la iglesia urbana. A medida que tomó forma, el liderazgo de la iglesia se sumó con gusto a esta idea. La iglesia estaba estrechamente comprometida y cuidadosamente instruida. Se sumaron los miembros de la comunidad urbana que tenían corazón para el ministerio y el deseo humilde de involucrar a la comunidad nómada. Se habló sobre los aspectos pertinentes de las relaciones interculturales y el ministerio, estos creyentes mongoles comenzaron a entender que estaba delante de ellos una verdadera oportunidad intercultural para ministrar.

En principio, la ayuda de un hombre viudo de avanzada edad que había vivido la mayor parte de su vida como pastor fue clave para  conectar con las familias nómadas, desarrollar relaciones y educarnos a los forasteros en lo esencial de la etiqueta y la cultura nómada. Los creyentes urbanos se involucraron en cada paso a medida que se iban alcanzando a los nómadas. Se alentó a la comunidad urbana a interesarse por las vidas tanto de los creyentes nómadas como del colectivo de la iglesia. Desarrollamos oportunidades para alcanzarlos con el evangelio. Hemos tenido cuidado de asegurarnos de que el trabajo con los nómadas no fuera percibido como un simple proyecto evangelístico, ni siquiera que se viera a esta como "hija" de la iglesia urbana, sino que se presentó como una iglesia hermana más joven y en expansión. A medida que los dos cuerpos de creyentes maduraron, la relación entre ellos se profundizó y amplió.

Para mí, la parte más dura en el proceso de desarrollo de la iglesia nómada fue cuando nos separaron del liderazgo de los creyentes nómadas. En su fase inicial de crecimiento, yo había trabajado en estrecha colaboración con un líder de la iglesia urbana, sirviendo juntos como co-pastores de la obra. Ambos amábamos (y aún amamos) todo sobre este trabajo y a nuestros hermanos nómadas, y ninguno de los dos estábamos dispuestos a irnos; sin embargo, por intervención divina los dos fuimos desplazados de nuestros puestos de influencia dentro del cuerpo, forzando a los líderes de la comunidad nómada -con el apoyo de la iglesia urbana- a levantarse al llamado del ministerio. Este fue un proceso doloroso, ya que las puertas que ambos queríamos que permanecieran abiertas se nos cerraron, pero el Señor es quien dirige nuestros pasos.

Sufrí un exilio divino de cinco años de Mongolia, recibiendo sólo noticias de forma ocasional sobre el estado de la obra y la salud de los creyentes. En 2014 finalmente pude regresar a Mongolia y ver a nuestros hijos en la fe. Sentado en un pequeño café en Ulán Bator, oí cómo la iglesia nómada había crecido y profundizado sus raíces en la fe. Escuché cómo hombres y mujeres a quienes había ayudado a discipular años antes habían crecido en liderazgo y desarrollado dones espirituales. Estos maravillosos testimonios de la obra del Espíritu fueron compartidos conmigo por el pastor de la iglesia urbana que había trabajado estrechamente con la comunidad nómada desde su creación.

Ahora, más de ocho años después de la partida de los últimos trabajadores no-nómadas que participaron directamente en este esfuerzo, tanto las iglesias urbanas como nómadas continúan fuertes, creciendo en gracia, eficacia en el ministerio y en miembros. Tienen un ministerio precioso y poderoso, han desarrollado una cooperación mutuamente beneficiosa y se han convertido juntos en ministros efectivos de la reconciliación.

El Ministerio de la Reconciliación

En 2 Corintios 5:11-21, Vemos que Dios primero reconcilia al hombre con El a través de Cristo, entonces, como aquellos que han sido reconciliados con Dios, que conocen el temor de Dios y el amor de Cristo estamos forzados y obligados a persuadir a otros. El mensaje de reconciliación se ha confiado a la iglesia; como embajadores de Cristo, Dios realiza su llamamiento a través de nosotros.

El "nosotros" al que nos referimos en este pasaje es tanto la creciente iglesia nacional como los trabajadores extranjeros. Quizás, de alguna manera, se refiera más a la iglesia nacional que a los trabajadores expatriados ya que la obra de reconciliación penetra hasta los rincones más profundos en los corazones de los hombres y mujeres.

Es imposible persuadir a otros humanos con respecto a la reconciliación con Dios sin estar dispuesto a pasar por el esfuerzo, a veces doloroso y humillante de buscar la reconciliación con aquellos con quienes el evangelio debe ser compartido.

A menudo hay una profunda necesidad de reconciliación entre grupos sedentarios y nómadas en una región o un país. Debido al atractivo histórico del nomadismo en la cultura y la historia de Asia Central, ha demostrado ser especialmente eficaz ayudar a creyentes urbanos sedentarios en las estepas a llegar a sus vecinos nómadas, aunque esto no está exento de retos y obstáculos.

En otros lugares hay mayores desafíos para permitir que grupos de creyentes (donde haya habido enfrentamientos quizás por generaciones) alcancen a grupos nómadas. Sin embargo, si Dios nos ha dado (a todos los creyentes, misioneros e iglesias recién desarrolladas) el ministerio de reconciliación y si, conociendo el temor del Señor, estamos obligados a persuadir a otros a cruzar las barreras culturales y étnicas, a superar las historias de hostilidad y desconfianza, entonces la obra del Espíritu Santo en el poder del evangelio nos capacitará (a todos nosotros) para llevar a cabo este ministerio en Cristo Jesús.  

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